Terapia nutricional y recetas bajas en carbohidratos

PORQUE LOS GENES NO SON UNA CONDENA VITALICIA

Nutricionista, psicóloga y cocinillas apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

«Keto-paella» de «no-arroz» o «más vale pedir perdón…

16 noviembre, 2019

«Keto-paella» de «no-arroz» o «más vale pedir perdón…

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… que pedir permiso»

Así  que, de todo corazón, pido PERDÓN de antemano a todos los valencianos (y por extensión a cualquiera que le profese cierto amor al recetario tradicional ibérico, peninsular o isleño) que se sientan ultrajados. Es que si llego a pedir permiso para cometer la presente atrocidad seguro que no me lo dais. Y tenía tantas ganas de paella… 

 

 

Que no me he podido resistir. Y oye, da el pego. Obviamente no es comparable a una paella como las que hacía mamá (antes de pasarse al low carb después de años de aguantar estoicamente sermoneos interminables de vástagas… «tenaces» 😁), ¡pero a mí me ha quitado el «mono»!

Y ha sido muy fácil. Me he limitado a sustituir el arroz por su apaño de konjac, el «rizoma del no-ser». La textura no es la misma, pero para apaciguar «simios» diversos (al menos los míos) se basta y se sobra.

 

 

Y ya que me ponía, he elegido la versión «marinera» de la paella, que era mi «muy más favorita».

Y el procedimiento ha sido básicamente igualico al de una paella tradicional, pero ahorrándome los engorros que implica el arroz.

 

 

He empezado por cocer unas almejas y unos mejillones en un chorrillo de vino blanco con una hoja de laurel (que eso de echar moluscos diversos directamente en la cazuela definitiva sin saber si están pochos nunca me apasionó), renunciando a todo lo que no se abría y aprovechando el caldillo para darle alegría (y algo de sabor) al plato.

Mientras, he ido apañando un sofritillo con cebolla (a la paella de arroz nunca le eché, pero como esta es un poquito sui generis, la prefiero con), pimiento rojo y ajo picaditos. Cuando estaba todo melosito, le he añadido un tomate rallado.

 

 

Y así que mi humilde habitáculo ha empezado a oler a trattoria italiana que tiraba para atrás, le he echado unos cachillos de sepia y el caldillo de los moluscos bien coladito.

Si tenéis la fortuna de no ser alérgicos a los crustáceos (como el ilustre comensal que ha hecho la foto del plato acabado), aprovechad para darle un garbeíllo a las gambas/langostinos que hayáis decidido destinar a la causa y reservarlos por ahí (que no queremos que se cuezan demasiado) para coronar el plato.

 

 

Apenas unos 20 minutos después, la sepia estaba blandita y el caldillo se había reducido. He aprovechado para salpimentarlo y añadirle un poco de cúrcuma (que nunca sobra un chute extra de fitoquímicos), los mejillones, las almejas y el «no-arroz» escurridito.

Y me he alegrado mucho de no haber pedido permiso 😁.

 



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