Terapia nutricional y recetas bajas en carbohidratos

PORQUE LOS GENES NO SON UNA CONDENA VITALICIA

Nutricionista, psicóloga y cocinillas apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

Strudel de manzana y canela low carb (o «el compromiso»)

17 mayo, 2019

Strudel de manzana y canela low carb (o «el compromiso»)

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¿Alguna vez os han dicho eso de «será lo mejor para ti, yo no te haré feliz»? A mí (aún) no, pero (por si acaso) ya tengo preparada la respuesta perfecta. Procedo a compartirla por si os sorprende la frasecilla anterior, que estos derechazos nunca se nos ocurren en el momento crítico. La respuesta perfecta es:

 

 

«no necesito que me hagas feliz, me comprometo a hacerme feliz a mí mism@».

He aquí mi «compromiso», obligar a quien ose soltaros esa recurrente excusa a improvisar otra más contundente 😊

 

 

Y, para celebrar ese momento de victoria apabullante, os propongo una versión sin gluten y baja en carbohidratos del eterno Strudel de manzana y canela alemán. Confieso que es un pelín peliagudo de hacer (¡pero no más que el tradicional!)

De hecho, si tenemos en cuenta que la masa del Strudel «de verdad» debe ser tan fina que pueda leerse un periódico a su través (cosa rotundamente imposible con harinas sin féculas ni gluten), esta versión podría calificarse de más fácil y rápida.

 

 

Y queda absolutamente exquisita. Imaginaos celebrando el oportuno derechazo con una caña rellena de una deliciosa mezcla de manzana y canela: brutal.

Si os decidís a probarlo, calculad que, para un Apfelstrudel para dos o tamaño «la-mitad-hoy-y-la-mitad-mañana-porque-yo-lo-valgo», necesitaréis:

 

 

para el relleno,

  • una manzana
  • un pelín de edulcorante (o no, ¡yo no le echo!)
  • una cucharada de canela en polvo (idealmente, como siempre, que sea de la verdadera que no daña el hígado)
  • 2 o 3 nueces picadas (o no)
  • una cucharada de harina de almendra (para absorber el exceso de humedad del interior)
  • 4 o 5 arándanos (harán las veces de «pasa») (o tampoco)
  • una nuez de mantequilla; y

 

 

para la masa,

  • 3 cucharadas de harina de altramuz* (¡no la uséis si sois alérgicos a los cacahuetes! La de soja también queda bien, aunque sin el olorcillo a nuez 😊)
  • otra nuez de mantequilla (esta derretida)
  • un huevo (y una yema para pintar el Strudel)
  • pelín de sal
  • una puntita de edulcorante
  • ralladura de medio limón limón

 

(*) No soy fan de las legumbres, pero sí abogo por recurrir a ellas ocasionalmente para evitar males mayores (ved más detalles en Legumbres o «el veneno está en la dosis»).

(**) Pero mejor relegad su exquisitez a «muy de vez en cuando», que un chutecillo de insulina sí caerá.

El cómo se hace es pelín laborioso, pero no es especialmente difícil si os lanzáis a la tarea con cariño.

Empezad por la masa y así la dejáis reposar mientras hacéis el relleno (mezclando los ingredientes y amasando un poquillo). Haced una bola y dejadla a su rollo un rato.

Para el relleno, cortad la manzana en gajos y salteadla unos minutos a fuego lento con la mantequilla y el edulcorante (o no). Cuando esté tiernecita y estupenda, apagad el fuego y dejadla enfriar.

 

strudel low carb sin gluten

 

Momento ya para encender el horno a 180ºC y apañar el magnífico Strudel low carb. Aplanad la masa con un rodillo en forma de rectángulo ayudándoos con dos papeles sulfurizados. No os molestéis en dejarla tan fina como manda la tradición porque se os desmenuzará; con que esté fina nos basta. Si se os desmenuza mucho, metedla en la nevera un rato (la mantequilla solidifica y la amalgama un poco), ¡incluso en pleno enrollado!

Colocad por encima el relleno y coronadlo con las nueces, los arándanos (o no) y la canela. Doblad los bordes, enrolladlo con mimo y con la ayuda del papel, pintadlo con un poco de yema y al horno con ello. En unos 15 o 20 minutos estará a punto de caramelo.

 

 

Obtendréis un bello bocado dulce y reconfortante. No se me ocurre escolta mejor para la exquisita pócima low carb para el desamor (que, inevitablemente, puede que también acabemos por necesitar si llegamos a oír la recurrente excusa que introducía la receta). Aunque, quien sabe, ¡a lo mejor ese derechazo en el momento idóneo nos evita el batacazo!



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