Terapia nutricional y recetas bajas en carbohidratos

PORQUE LOS GENES NO SON UNA CONDENA VITALICIA

Nutricionista, psicóloga y cocinillas apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

Tarta helada de arándanos o «un golpe bajo y a traición»

2 junio, 2019

Tarta helada de arándanos o «un golpe bajo y a traición»

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He aquí mi infalible arma secreta para cuando me aventuro a pedir perdón, amor o dinero: la sublime tarta helada de arándanos low carb, un rotundo y exquisito «golpe bajo y a traición» para pillar por sorpresa a mis cándidos objetivos y maximizar las probabilidades de triunfo.

 

 

Y es que apuesto mi asignación mensual de chocolate 100% (que hoy por hoy es la más feliz satisfacción que atesoro¹) a que con esta obscena delicia conseguiréis engatusar y desarmar los corazones más duros de roer.

(1). Como sabiamente he aprendido de mi preciosa tutelada, lo que verdaderamente da la felicidad en esta vida… es el chocolate.

 

 

Desde luego mis recelos se esfumarían ante cualquier petición que viniera acompañada de un buen cacho de esta fresquita y cremosa exquisitez sin gluten, sin azúcar y low carb. Así que como una nunca sabe qué le deparará la batalla, más vale prevenir y llamar a la puerta con una de estas cuando amanezcáis pedigüeños 😊

Hoy no diré que es una tarta súper fácil y rápida, porque mentiría como una bellaca. Pero sí afirmo que es mucho más asequible de lo que pueda parecer.

 

 

Únicamente tenéis que seguir las instrucciones de mi muy adorada tarta de queso con fresas o «me rindo, tú ganas», pero sustituyendo las fresas de la cobertura por arándanos y congelándola para que sea una «tarta helada».

Solo añadiría un par de truquillos adicionales. Primero os diría que esperéis a que el coulis de arándanos low carb se enfríe (pero no tanto como para que empiece a solidificar la gelatina) antes de verterlo con mucho amor sobre la capa de mousse de mascarpone ya cuajada. Así la interfase quedará mucho más limpia y la capa superior refulgirá cosa mala cuando cuaje, deslumbrando a la concurrencia susceptible de conceder los susodichos perdón, amor o dinero 😀

 

 

El otro truquillo es que no le retiréis el acetato de los bordes hasta que la vayáis a presentar (aunque no es necesario que los objetivos estén presentes en el proceso liberador de acetato, que le quitaría potencia al golpe de efecto).

Guardadla en el congelador hasta unos 15 minutos antes del momento del soborno y esperad a que la prueben antes de poneros en plan pedigüeño para maximizar el efecto. No puedo aseguraros que os digan que sí, ¡pero sí que les costará horrores decir que no!

 

He aquí la retirada del acetato previa a la llegada de los incautos a engatusar

 

Eso sí, entre el mascarpone, la nata y el edulcorante, el chutecillo de insulina es inevitable (ved por qué en el dilema de los lácteos y el de los edulcorantes). Y presumo que también despertará a bocinazos a los comedores de dulce compulsivos que pueda haber adormilados por ahí. Así que mi consejo es que blandáis el arma ocasionalmente y con la serenidad de un estratega.

¡Suerte y al toro!

 



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