«Cae siete veces y levántate ocho», reza un bello proverbio japonés.
Y es que una habilidad innata que compartimos los humanos es la de tropezar una y otra vez con la misma piedra. Y sí, la experiencia será un grado, pero la mayor parte de las veces sirve única y exclusivamente para que nos la peguemos sospechando que nos la pegaremos. Así que el resultado es el mismo: acabamos en el suelo aturdidos después de un soberbio batacazo, pero un poquito menos sorprendidos que la retahíla de veces anteriores.
Pues hoy traigo el bocado perfecto para reanimar corazones compungidos y revitalizar orgullos heridos tras la caída, el sublime brócoli con vieira y salsa de coral. No solo logrará que nos sintamos un chef de estrella Michelin (sin requerir a cambio grandes dosis de habilidad culinaria), sino que además nos hará (no sé si «olvidar», pero sí) relativizar el tropezón. Y podremos levantarnos, perdonarnos y esperar el siguiente felizmente.




No necesitamos más que unas vieiras (hoy sí que pido que tengan su coral, que la salsita es sencillamente celestial y muy fácil de hacer), unas floretas de brócoli, un poquiño de cebolla y un chorrillo de vino blanco. Por si no te hubieras enfrentado antes a las vieiras frescas (o congeladas enteras), aquí cuento cómo limpiarlas. Verás que el proceso no atesora misterio alguno. Y si conservamos la concha y la usamos de platillo quedarán cuquísimas además de exquisitas.
Empezamos por preparar la salsa haciendo un sofritillo de cebolla picada en un chorritín de aceite de oliva. Cuando se dore y huela a puro paraíso, añadimos los corales. Les damos un par de garbeíllos, echamos un chorrillo de vino blanco y dejamos que se evapore el alcohol un par de minutos. Aquí podemos elegir entre añadirle un pelín de agua o de caldo de pescado (yo suelo tener caldo casero congelado porque soy una chalada obsesiva, pero los corales son muy sabrosos y no es estrictamente necesario añadirle el sabor extra del caldo para alcanzar el éxtasis sensorial al paladearlo). Y no queda más que dejarlo cocinar un minutejo más, salpimentar y triturar. Salsa celestial lista.
El resto es aún más sencillo. Cocemos las floretas de brócoli (yo confieso que las hago en la vaporera para el microondas en apenas 3-4 minutos —he aquí una concesión que me hago por aquello de la comodidad) y salteamos las vieiras en un pelín de aceite de oliva. Verás que se doran en un plis.
¡Ya se acerca el momento feliz en el que olvidaremosel batacazo!
Colocamos una floreta (con un pelín de sal) sobre la concha, la embadurnamos con un pegote generoso de salsa y la coronamos con una vieira doradica. Bru-tal.
Nuestra capacidad de atención es limitada. Si la abrumamos con un bocado celestial… se verá obligada a apartarse del tropezón.

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