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Nutricionista, psicóloga y cocinillas apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

Monedas de la suerte (galletas de lima y moringa)

17 marzo, 2021

Monedas de la suerte (galletas de lima y moringa)

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Situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas.

Aprovechando que es el feliz día de San Patricio (por lo que espero estarán más borrachuzos y menos esquivos), he horneado una ofrenda para leprechauns, los míticos duendecillos irlandeses que guardan su oro al final del arcoíris.

 

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Mi plan es atraerles y agasajarles… para robarles un poquito de suerte cuando bajen la guardia 😇

Y he optado por reverenciarles con un platillo de deliciosas monedas comestibles, sonrientes y verdiamarillas: unas galletas de lima y moringa que seguro les ablandará su racanillo corazón, porque no podrán comer solo una. Ni dos. Ni tres.

Confieso que me ha costado horrores no acabarme de una sentada la bandeja entera.

 

 

¿Conocéis la moringa? Es una plantica (también llamada «árbol de la vida» por sus propiedades antiinflamatorias) con una jartá de vitaminas, minerales y antioxidantes.

Y mola mucho porque apenas un pelín nos tiñe cualquier cosa de un potente color verde y tiene un sabor bastante suave. Recuerda al té matcha, pero un poquito menos amargo, diría yo. Y con los cítricos marida de lujo.

 

 

Si también necesitáis una buena dosis de suerte (o un auténtico milagro, como yo) sabed que, para unas 20-25 galletas bicolores, necesitáis haceros con:

  • 2 huevos
  • 80g de mantequilla
  • el zumo y la ralladura de una lima
  • una cucharada de moringa en polvo (como esta)
  • edulcorante al gusto (probadlo antes de hornear, ¡que la lima engaña!)
  • 10-12 cucharadas de harina de almendra
  • 2-3 cucharadas de harina de coco

 

 

Para empezar hay que hacer dos masas de galleta por separado.

Para la de lima, hay que mezclar un huevo batido con 40g de mantequilla blandita, el zumo de media lima y la ralladura de la lima entera, un pelín de edulcorante y las harinas. Calculad unas 5-6 cucharadas de almendra molida y 1-1,5 de harina de coco. Dependerá del tamaño del huevo y de cuánto zumo llevase la lima en cuestión.

El plan es que quede como una plastilina (si podéis clavar el tenedor derecho y no se mueve, p’allá que vais).

 

 

Para la de moringa, hay que mezclar el otro huevo batido con los otros 40g de mantequilla blandita, el zumo de la otra media lima, un pelín de edulcorante, la susodicha moringa y la misma mezcla de harinas, hasta que quede con la consistencia deseada.

Como hoy queremos placas rectangulares, resulta útil meter la masa en bolsas para congelar (así luego darles forma es mucho más fácil).

Así que hala, cada masa a su bolsa. Dadles forma de bola y a la nevera con ellas. Cuanto más frías estén, más fáciles serán de manipular.

 

 

Cuando no podáis esperar más (calculad al menos media hora, que se asiente bien la mantequilla), doblad la bolsa del tamaño que vayáis a querer las placas y aplanad las bolas con un rodillo, dentro de su bolsa.

Y a la nevera con ellas un rato más o se descuajeringarán.

Cuando estén las placas firmes y bien frías otra vez, cortad la bolsa por los bordes y retirad con cuidado el plástico que cubre una de las superficies. Dejad el de abajo o se nos fastidiará el plan.

 

 

Cuando tengáis las dos placas desnudicas solo de un lado, unidlas por ese lado para crear una placa bicolor y enrolladlas, siempre manipulándolas a través de la bolsa o de un papel film. ¡Como si hicierais sushi!

Y a la nevera, ahora sí, un buen rato o no habrá quien lo rebane. Si hay prisa, en 20 minutos de congelador el rollo bicolor estará listo para ser cortado a rodajas feliz e impacientemente.

 

 

Precalentad el horno a 180ºC cuando os dispongáis a rebanar el rollito para que entren así que la bandeja esté lista. ¡Y ya casi las tenemos!

Disponed las rodajas sobre una placa grandecica con papel de horno y al susodicho con ellas.

 

 

¡No os despistéis, que se hacen en un plis! Dependerá de cuán gruesas las hayáis rebanado, pero en apenas 10-15 minutos empezarán a dorarse y estarán plusquam-listas para ser suertudamente disfrutadas.

Como moneda de la suerte encandiladora de leprechauns no sé si os funcionarán, pero además de ser antiinflamatorias, están adictivamente tremendas.

 

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Vamos, que si este San Patricio me hubiera pillado en la bella Irlanda, habrían caído gustosos en mis dulces redes.

Aunque admito que hoy tenía poca fe en que cruzasen el océano por unas galletas, así que he hecho trampa y los duendecillos (con su oro y su arcoíris) los he proporcionado yo 😅

 

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Aquí un primer plano del duendecillo cabreado por la subida de la cuota de autónomos y la duendecilla aferrándose a su moneda de oro, modelados con arcilla polimérica por mi alter ego, Prosopopeya.


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