No sé quién decide qué califica como milagro navideño ni dónde se envían las candidaturas, pero quisiera inscribir esta delicia de pincho supra-sano, paleo, vegano y rotundamente low carb en el registro de «futuribles». Y es que, en apenas 10 minutos, el excelso coco logra convertir a mis adoradas (aunque admito que un pelín amargas) coles de Bruselas en «casi golosinas súper-cucas».
Va por delante que, como confesé en las adictivas brochetas, las coles de Bruselas me parecen un regalo de la naturaleza. Arraso con ellas incluso con el café del desayuno, así que asumo que no valgo como juez imparcial. Dicho esto, juro que nunca antes habían despertado a la comedora compulsiva que hay en mí…. hasta hoy. Qué bar-ba-ri-dad.
La combinación col-coco queda sencillamente soberbia. Y creo de veras que puede hacer que quienes sigan reticentes a incluir esta crucífera en su dieta aprendan a apreciar su sabor. El caramelizado que resulta del salteado y el dulzor natural del coco lo atenúan, pero ahí está (para deleite de sus adoradores).
Y solo requieren que saltees las susodichas coles de Bruselas cocidas en un poco de aceite de coco hasta dorarlas y las embadurnes alegremente con coco rallado. ¡Ya me dirás qué milagro navideño requiere tan poco trabajo!
Y si la ocasión lo merece, aprovecha para ensartarlas en pinchos y servirlas en modo pirulí nevado. No puedo asegurarte que te apasionen tanto como a mí, ni tampoco que hagan que todos los paladares poco amantes de las coles aprendan a apreciar su particular sabor, pero apuesto a que los probarán y, en un alto porcentaje, repetirán 😊
¿Conoces los riesgos de las dietas vegetales?
Te los cuento en este capítulo del cursillo.
