«La sencillez y la humildad ineludiblemente atraen a quienes valen la pena.»
(como este humilde y sencillo tartar de tomate atrae a las almas de bien)
Rita Hayworth decía que lo único que realmente había deseado en la vida, era lo que quiere todo el mundo: amor. También se lamentaba de que los hombres se acostaban con Gilda… y se levantaban con ella. Supongo que su error radicó en esperar que quienes se sentían atraídos por la exuberante pelirroja de largos guantes, se enamorasen de Margarita.
Moraleja: Si quieres que se enamoren de ti, ¡sé tú!




Debates sobre su contenido en lectinas aparte, no hay nada que se pueda comparar a la exquisitez de un tomate con sabor a tomate. Si tienes la suerte de dar con uno, prueba a hacerlo así. A pesar de su extrema sencillez (o quizás gracias a ella) es un auténtico lujazo.
El proceso no puede ser más simple: corta a daditos el tomate y el aguacate, alíñalos y añade semillas de cáñamo (o no, que el tomate con aguacate es ya de por sí una mezcla celestial).
Colócalos a modo de tartar (o déjalos como buenamente hayan tenido a bien disponerse, que estará delicioso igual) y sirve fresquito, salpimentado y con un chorrillo extra de aceite de oliva. Mmmmm…
Aunque sus primos de salmón y atún son una soberbia exquisitez, confieso que, cuando el tomate sabe a tomate, esta versión (más asequible y apta para épocas de desafío económico) resulta… arrebatadora.
Rita no lo sé, pero seguro que Margarita estaría de acuerdo.
¿Conoces los riesgos de las dietas vegetales?
¿Te ha gustado? Pues echa un ojo al resto del programa en Dieta y Estado de Ánimo.

Mortal la combinación!!!!